
Dos peces son declarados sujetos
de derecho.

Los peces son los vertebrados que más se capturan y matan a nivel mundial, y por primera vez en Argentina, son declarados sujetos de derecho.
Dos peces dorados que eran exhibidos en la vidriera de un local de sushi de la Ciudad de Buenos Aires fueron reconocidos por la Justicia como seres sintientes y sujetos de derecho. La resolución, dictada el 12 de junio de 2026, resolvió por un lado que no regresaran al comercio, y por otro, que su destino ya no podía quedar sometido a la voluntad de quien los había utilizado como parte de la decoración.
La decisión fue el resultado de una investigación iniciada a partir de una denuncia por las condiciones en las que eran mantenidos. Los peces nadaban dentro de una pecera vertical ubicada en el frente del comercio, integrados a la ambientación del establecimiento como las luces, los carteles o cualquier otro objeto ornamental.
El informe veterinario concluyó que la pecera era más pequeña de lo necesario y limitaba el nado horizontal propio de la especie Carassius auratus, conocida comúnmente como pez dorado. La exposición directa al sol alteraba la temperatura y la oxigenación del agua, mientras que las vibraciones constantes de la bomba y los estímulos provenientes de la calle les provocaban estrés.
A partir de estas conclusiones, la Unidad Fiscal Especializada en Delitos contra el Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires impulsó un allanamiento. Los peces fueron retirados del comercio y entregados provisoriamente a la persona que había realizado la denuncia. Al responsable del local se le atribuyeron las contravenciones de omitir los recaudos de cuidado responsable y mantener animales en espacios inadecuados.
El caso podría haber concluido con el rescate y la imposición de algunas reglas de conducta. Sin embargo, el Juzgado Penal, Contravencional y de Faltas Nº 12 fue más lejos. Al declarar a los peces sujetos de derecho, la Justicia dejó de considerarlos únicamente como bienes pertenecientes a una persona y reconoció que tenían intereses propios que debían ser protegidos.
Lo que decidió el juzgado
El juez Juan Manuel Neumann homologó un acuerdo de suspensión del juicio a prueba por ocho meses. Esto significa que no hubo una condena, sino una salida alternativa sujeta al cumplimiento de determinadas reglas de conducta.
Durante ese período, el responsable deberá participar del dispositivo “Encuentros Restaurativos en Materia Ambiental y Derecho Animal” del Centro de Mediación del Poder Judicial porteño. Tampoco podrá volver a tener animales bajo su tutela en el establecimiento y deberá renunciar expresamente a cualquier derecho sobre los peces, que quedarán definitivamente al cuidado de quien ya los tenía en guarda provisoria.
Pero la parte más importante de la decisión aparece después. Ante el pedido realizado por la Fiscalía y la querella, el juez sostuvo que compartía el reconocimiento de los animales no humanos como seres sintientes y sujetos de derecho. Finalmente, resolvió declarar sujetos de derecho a los animales afectados por el caso.
La resolución fue fundamentada en una línea de precedentes del propio fuero porteño que propone realizar una interpretación jurídica dinámica y no estática del derecho.
Pero, ¿qué significa que sean sujetos de derecho?
Reconocer a un animal como sujeto de derecho no significa atribuirle exactamente los mismos derechos que a una persona humana. Significa, antes que nada, dejar de considerarlo únicamente como una cosa sobre la que alguien puede ejercer propiedad, porque si un animal es tratado como un objeto, su protección depende principalmente de los intereses de su propietario o de las limitaciones que la ley imponga sobre el uso de ese bien. En cambio, reconocerlo como sujeto implica aceptar que posee intereses propios que el derecho debe considerar, incluso cuando esos intereses entran en conflicto con los de la persona que lo utiliza, exhibe o mantiene bajo su control.
En este caso se ve claramente, ya que el responsable del comercio debe renunciar a cualquier derecho sobre los peces y no puede decidir qué ocurrirá con ellos. Su destino deja de depender de quien los poseía y pasa a definirse a partir de su protección y bienestar.
La importancia de que sean peces
Durante siglos construimos jerarquías entre los demás animales. Nos resulta más fácil reconocer individualidad, emociones y sufrimiento en aquellos que se parecen físicamente a nosotros, que conviven en nuestros hogares o que expresan su dolor de maneras que podemos identificar.
Los peces suelen quedar lejos de esa consideración, porque no gritan de una manera que podamos escuchar, no gesticulan como los mamíferos y viven en un ambiente que nos resulta ajeno. Sus respuestas al miedo, el estrés o el dolor pueden pasar inadvertidas para quienes no saben observarlas. Esa distancia ha permitido que sean tratados como alimento, mercancía, entretenimiento o decoración con mucho menos cuestionamiento que otros animales con los que sentimos una mayor cercanía.
Por eso este caso es especialmente significativo. No se reconoció como sujeto de derecho a un gran simio ni a un perro cuya historia pudiera despertar una identificación inmediata, sino a dos animales que no despiertan automáticamente nuestros radares de empatía.

