
¿Qué es el desarrollo?
La visión productiva
y su actual declive.

A principios del siglo XXI, en Latinoamérica inició un periodo de hiper productivización de los bienes naturales. Con la idea fija de salir de la crisis a toda costa, tanto los gobiernos liberales como los denominados progresistas sostuvieron la misma idea: maximizar el modelo exportador de materias primas o los denominados “commodities”.
Se vendió la idea el doradista de que teníamos una fuente inagotable de recursos naturales que podía ser explotada hasta el infinito, que de esa forma, vendiendole nuestra naturaleza a los países industrializados, llegaríamos al tan ansiado nivel de crecimiento que tienen los “desarrollados”. Mucho tiempo antes, se conceptualizó como una verdad incorruptible, que el mundo estaba dividido en dos: los países centro o desarrollados, y los periferia, que debíamos esforzarnos modificando nuestras formas sociales, culturales y económicas para llegar a ser, el tan ansiado primer mundo.
Se trata de una lógica de homogeneización de las formas sociales, donde progresivamente desaparecen las formas regionales de producción. Así fue como se consolidó el actual panorama extractivista de bienes naturales, con las formas extremas que existen al día de hoy, como la minería a cielo abierto, el fracking, la extensión de la frontera agrícola, entre otros.
El neoextractivismo es una forma moderna del capitalismo colonial, es decir, ciertos espacios como zonas de saqueo y sacrificio en pos del enriquecimiento y beneficio de otros. Es un proceso que expande la mercantilización y privatizacion de la tierra, el asesinato y la expulsion forzosa hacia ciudades de poblaciones campesinas e indigenas y el inexistente reconocimiento de los derechos de la naturaleza.
“La riqueza no es fruto del trabajo sino el resultado de un saqueo organizado y protegido”.
Latinoamérica está en un momento de crisis democrática, donde los gobiernos o los mineralo - estado son cómplices y legitimadores de actuar de las multinacionales explotadoras de nuestros bienes naturales sin consenso social, donde no solo se les permite la explotación extrema sin anuencia colectiva, sino que además, le pagan al estado porcentajes mínimos, en la mayoría de los casos el 3% declarado por la empresa sobre el valor del mineral extraído en boca de mina, es decir, sin ningún valor agregado.
Creer que la meta es llegar a ser como los países primer mundistas sirve únicamente, para reiterar el modelo capitalista colonial, donde nuestra forma de organización, cultura, y territorio tiene que estar al servicio de los “desarrollados”, acentuando la reprimarización de la economía.
La actual crisis nos obliga a replantearnos el modo en el que vivimos. Necesitamos salir del modelo antropocentrista y pasar a otro de carácter relacional: un vínculo entre lo natural, lo humano y lo no humano. El abandono de la idea del desarrollo como crecimiento económico ilimitado, pasando a una economía solidaria y sustentable. El crecimiento económico debe estar supeditado a la conservación de la vida, reconociendo y respetando en los hechos, los derechos de la naturaleza y las personas, tanto humanas como no humanas.
“En un mundo finito es imposible que la población y actividad humana crezcan de forma indefinida”.
Fuentes:
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Las fronteras del neoextractivismo en América Latina. Maristella Svampa
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El colapso ecológico ya llegó. Maristella Svampa y Enrique Viale
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Extractivismo y acumulación por desposesión. Juan Grigera y Laura Alvarez.
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Régimen legal de inversiones mineras. Julia Catalina D'anna.

