
Arte y publicidad.
Enmascarar injusticias, haciéndolas
parecer menos perturbadoras.

El arte, con su poder transformador, puede enmascarar injusticias, haciéndolas parecer menos dolorosas y perturbadoras. Al embellecer el sufrimiento y atenuar la crítica, el arte puede debilitar la denuncia y perpetuar la aceptación de la violencia y las injusticias.
Existen obras de arte que aprovechan ciudades devastadas para capturar imágenes de personas en situaciones miserables, y simplemente la aprovechan para demostrar en su creación, algún sentimiento humano. Esto también se ve en la actualidad, en películas y video clips, donde los animales solo se ven como decorado para nuestras historias, donde se les quita su propia identidad para atribuirles un sentido humano. (el caballo como símbolo de poder y elegancia, la lechuza como símbolo de sabiduría). Claro está, no todos los trabajos artísticos son de esta índole, pero cierto tipo de arte puede generar disfrute en el público simplemente por la destreza del artista, desconectándolo de la realidad que representa.
El arte posee la capacidad de denunciar la injusticia, y también de legitimarla.
Este fenómeno ha evolucionado y se vuelve más evidente en los anuncios publicitarios, donde los productos de consumo son embellecidos y presentados de tal manera, que se desconecta por completo su origen o proceso de producción.
Si nos acostumbramos a presenciar a los animales encerrados en jaulas, a verlos trozados en paquetes de plástico en los supermercados, y si la única leche que conocemos es la que viene en envases impolutos, gradualmente se crea la ilusión de que las jaulas y los empaques, son los entornos naturales de los animales.
Detrás de esta percepción, se beneficia la poderosa industria de la alimentación. Entonces ¿Por qué las empresas invertirían en mejorar o modificar la producción de alimentos cuando simplemente pueden enfocarse en mejorar el aspecto del paquete?

