
Responsabilidades diferenciadas.
Hay algunos que son
más responsables que otros.

Más allá de la utilidad del concepto de antropoceno, una limitación que tiene, es su carácter genérico, porque si bien afirmar que el cambio climático es de origen antrópico, no significa negar que uno de sus pilares fundamentales, son las desigualdades sociales y los modelos de desarrollo colonial; donde las responsabilidades de la crisis ambiental son diferenciadas del norte al sur global. Aunque todos somos responsables del desastre ecológico, hay algunos que son más responsables que otros.
Las grandes empresas petroleras como ExxonMobil, Shell, Equinor y Chevron están entre las más contaminantes. Según de Climate Trade, en el 2019 encabezan el ranking de emisiones de CO2:
1° China
2° EE.UU
3° India
4° Rusia
5° Japón
6° Alemania
7° Irán
8° Corea del Sur
No integra el ranking ningún país latinoamericano ni africano. (Nota de color que podemos poner, en Reino Unido se están manifestando los ambientalistas porque RoseBank - Equinor quieren realizar extracciones de petróleo. Este proyecto superaría las emisiones de CO2 que producen 28 países pobres en un año).
Chakrabarty plantea que si consideramos un escenario en el que todos los países adoptaran un modelo socialista, podría lograrse una mayor igualdad en el mundo. Sin embargo, este modelo también conllevaría una huella ecológica aún más significativa. La solución no reside en que todos consumamos como los países “desarrollados”, sino más bien en la transformación radical de los modos de producción y consumo.
Hay que reconocer los límites del suelo que habitamos, no podemos pretender todxs vivir una vida que es planetariamente insostenible. Querer mantenerla, es vivir a costa de otrxs, humanos y no humanos. Si bien la gran responsabilidad del colapso climático actual la tienen los grandes grupos económicos de la mano de los gobiernos, nosotrxs como consumidores tenemos responsabilidad, menor, pero la tenemos.
Como ya hemos reiterado en los diversos post, los países del sur somos vistos como fuente de saqueo de materia prima para los países primer mundistas; pero esto no nos quita la responsabilidad de tener políticas públicas destinadas a modificar las lógicas extractivistas cambiando de paradigma a un contexto acorde a la subsistencia mundial. Resulta usual que la narrativa sobre el cambio climático se presente en los discursos gubernamentales de los países latinoamericanos sin que se establezcan vínculos con las dinámicas extractivistas.
Un claro ejemplo de ello es el proyecto petrolero de la empresa noruega Equinor, que de la mano con YPF, busca expandir la frontera de saqueo sobre el Mar Argentino. Las implicancias ambientales son extremadamente serias, ya que aproximadamente el 80% de la contaminación asociada a las plataformas off shore proviene de la actividad cotidiana conocida como "contaminación operativa". Aunque los accidentes en estas plataformas pueden ser significativos, es la contaminación continua generada por las operaciones diarias lo que representa la mayor amenaza para el medio ambiente.
La explotación sísmica ha sido frenada en reiteradas oportunidades gracias a movilizaciones ambientalistas, pero lamentablemente, la justicia dio luz verde al proyecto suspendiendo la medida cautelar el pasado 25 de enero. Hay que tener en cuenta que esta no es una decisión definitiva.
Un país que promueva ciegamente la producción agroindustrial, la ganadería, la deforestación, la destrucción de humedales y el aumento de la producción de combustibles fósiles, no se está preparando para enfrentar el Cambio Climático.

